Bazar Zukerfeld

galeria5 por zukerfeld.

Bazar Zukerfeld
OBJETOS EXCENTRICOS DE FEDERICO ZUKERFELD
30 de octubre al 23 de noviembre de 2003

El Bazar Zukerfeld es realmente excéntrico. Una multitud de objetos en desuso, que podrían haber sido recogidos en la calle, en un mercado de pulgas o, como se decía en el pasado, desempolvados del desván de trastos viejos. De ahí, de la inutilidad funcional de los objetos, nace la poética de este inédito Bazar, entre absurdo e irónico, entre lúdico y político. Por momentos, remite al mecanismo de asociaciones arbitrarias del surrealismo. También, al espíritu provocador del dadaísmo, que allá por los años veinte, conformó uno de los primeros “atentados” generados deliberadamente desde el arte al gusto instituido y pacato del buen burgués.
Fundador, a fines de los noventa, del colectivo Etcétera…, Federico Zukerfeld transitó por distintas experiencias artísticas y políticas que dejaron en él huellas definitivas. En primer lugar por haber trabajado durante un lustro en la abandonada imprenta del artista surrealista Juan Andralis, donde había funcionado, en los ’60, la editorial Argonauta. Hallarla casualmente y darle nueva vida tenía algo mágico, acorde con el espíritu de su antiguo dueño. Y también algo de ese “azar objetivo”, predestinado, del que hablaba Marcel Duchamp. “Fue una fuente de inspiración para todos que nos marcó ética y estéticamente”, dice el artista. Etcétera… instaló allí sus talleres y una salita de teatro. Y desde ese espacio, salió a la calle en el amanecer del nuevo milenio, sumándose a los escraches de la agrupación H.I.J.O.S. a través de acciones que integraban lo escénico – paródico. A partir de lo estético, para el grupo fue una forma nueva de participación política y para Zukerfeld una puerta entornada que se abría más y más a la creación desde bisagras inexploradas.
Así, el magnetismo de los objetos que pueblan ahora el Bazar Zukerfeld se fue gestando en la disparatada poética del dadaísmo y en la interacción callejera y militante. Es por eso que muchas de las piezas expuestas reclaman la participación del “espectador”, a veces involuntaria (sensores que accionan mecanismos cuando alguien pasa delante de la obra), estimulando una experiencia interactiva con el que mira. No están ausentes las alusiones políticas, como explosivos disimulados en libros de la Justicia Argentina, en peligrosas cajas de bombones o en tentadores maletines con billetes de dólares falsos o sistemas de alarmas. Pero siempre desde lo lúdico. “La noción del ‘Bazar’ está en sintonía con los objetos y las ideas presentadas. Un bazar de objetos extraños, como una mezcla de secretos y trucos, artefactos que buscan provocar algo. Me interesa la participación, el juego. Y el humor, que es otro aspecto integrado a lo político”, señala el padre de estas extrañas criaturas.
El arte desacraliza las nociones de orden, porque propone siempre la aventura de lo nuevo, de lo inesperado. Eso fue Dadá, “una especie de nihilismo, como escribió Duchamp, un camino para escapar de una concepción determinada, para liberarse, para alejarse de los clisés”. El Bazar Zukerfeld encaja maravillosamente en esa aspiración de demoler clisés y, sin pudores, hacer del voyeur-espectador un actor. Y un cómplice. Que es un modo de compromiso.
Alberto Giudici
Curador


“Bon Booom” (1999)

El Bazar Zukerfeld, que se despliega en la galería del Centro Cultural de la Cooperación, es una invitación al juego, al voyerismo, al compromiso activo del espectador frente a una colección de objetos insólitos que tienen vida propia. Con una poética cercana al desenfado provocador del dadaísmo, Federico Zukerfeld resignifica estéticamente esos objetos en desuso y los pone en funcionamiento con sutiles mecanismos de relojería. El dedo de un maniquí que expulsa pompas de jabón, alarmas que se activan al paso del visitante, lentes de anteojos, de cámaras fotográficas y largavistas reemplazados por ojos de cerraduras, bombones peligrosamente explosivos, canillas que hay que atreverse a abrir, botones que hay que pulsar para sumergirse en un insinuante erotismo, son algunas de las propuestas de este “bazar de maravillas”: en este momento, la muestra más insólita de Buenos Aires. Una incitación al divertimento, en el que no faltan la ironía o las alusiones políticas. “Un bazar de objetos extraños, dice el artista, como una mezcla de secretos y trucos que buscan provocar algo en el visitante”.

Imperdible, el Bazar Zukerfeld puede verse y disfrutarse hasta el 23 de noviembre en Corrientes 1543. Lunes a sábados, de 11 a 22 hs y domingos de 17 a 20,30 hs. Entrada libre, recomendable para todo público.

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Power Point –


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