Trampa de Dinero

El dinero, en cuanto tiene la propiedad de comprarlo todo, de adueñarse de todos los objetos, es el objeto por excelencia. Esta propiedad es universal y corresponde a la omnipotencia del dinero, es decir, de sus poseedores. Lo que el ser humano es y puede hacer no está determinado por su individualidad y sus cualidades sino por sus posibilidades económicas.

Como si se tratase de un acto de magia, la realidad ha sido trastocada a partir de un efecto de aceptación colectiva: la legitimidad de la sustitución de todos los elementos de la vida por un valor de cambio, representado objetivamente por el dinero. Actúa aquí una poderosa sugestión que opera sin fronteras sobre todos los puntos del planeta. Este estado sugestivo reside en el convencimiento de la transferencia de la noción de valor al objeto dinero, representando el medio único y absoluto de toda realización en la vida objetiva.
El dinero compone la esencia representada del poder. Mecanismo de objetivación que determina el orden de comprensión de la realidad, en donde el ser sólo puede asumirse en el tener. Esto reduce la lectura a un plano cuantitativo, potenciando la codicia en todo vínculo.
El poder del dinero es el poder de la creencia absoluta en el objeto dinero.

El mecanismo de este fraude encuentra su punto de inicio en el lugar en donde se ubica el dinero respecto a toda la realidad objetiva de la vida humana: el medio. El dinero actúa como mediador entre las necesidades y su realización, ubicándose como intermediario absoluto, y superando el orden individual se convierte en un mediador humano. Este sistema hipnótico está signado por una sugestión que opera en la sustitución de los verdaderos elementos de la realidad, por representaciones abstractas. El dinero cobra vida alimentado por la creencia depositada en ese objeto. Se hace independiente de las personas y hace a las personas dependientes de él.

Pero todo este gran engaño se basa en una propiedad que adquiere el dinero como objeto externo, una propiedad  mágica: la capacidad de transformar la representación en realidad y la realidad en representación. Este reemplazo podemos apreciarlo constantemente en la vida cotidiana y la permanente puesta en escena del comercio. En esta alquimia, donde representación y realidad se confunden, está el mecanismo que activa la trampa de la confusión más profunda y uno de los puntos de inicio de las desigualdades en que vivimos.

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